martes, 28 de abril de 2009

Despertar



En ocasiones despierto por un instante de este sueño profundo que es la vida, y me encuentro un lugar al que no pertenezco, pero que lo siento como un hogar. Tengo unas rutinas diferentes y las caras que pululan a mi alrededor son relativamente nuevas. Pero todo tiene un aire familiar. 

He despertado en Toulouse, en Bilbao, en Sevilla y en Buenos Aires, siempre con vidas distintas, con inquietudes variables y aficiones cambiadas. Despierto por un breve espacio de tiempo y vuelvo a dejarme mecer por lo onírico y lo surrealista del paso del tiempo.

En esos instantes de lucidez me miro en el espejo y veo una persona distinta cada vez, y aunque la base siempre es la misma, el gesto cambia irremediablemente. ¿Soy más viejo ahora o más joven?. Mis canas podrían gritar lo primero, pero tampoco estoy muy seguro de tener que hacerles caso. Me sorprendo mirando cara a cara a un desconocido, asumiendo cuanto de mí hay en él. O cuanto de él hay en mí.

Reflexiono entonces si no debería pasar más tiempo despierto, buscando como objetivo poner a quien yo quiera frente a mí en el espejo, pero acabo sucumbiendo a mi propia naturaleza. Asumo que volveré a despertar y volveré a sorprenderme.

Vuelvo a fluir.