
Hoy el cielo, más que azul, era grisaceo.
El sol, más que calentar, alumbraba.
Hoy el tiempo era elástico. Pegajoso.
Hoy las guitarras estaban de luto
y las caballas no estaban de humor para ser pescadas.
Solo espero que en alguna parte del mundo esté naciendo alguien igual de artista de lo que tu lo has sido,
que se monte la vida la mitad de bien de lo que tu te la has montado,
que quiera a su mujer una cuarta parte de lo que tu lo has hecho,
y que cuide de su hija como su mayor y más insigne tesoro.
Para que equilibre un poco esta injusta balanza.
Te debo unas lágrimas tito, que no he dejado salir por miedo a no saber como pararlas.
Te ofrezco lo único que puedo ya ofrecerte: el más cálido rincón en la larga noche de la memoria.
