miércoles, 30 de enero de 2008




Hoy el cielo, más que azul, era grisaceo.

El sol, más que calentar, alumbraba.

Hoy el tiempo era elástico. Pegajoso.

Hoy las guitarras estaban de luto

y las caballas no estaban de humor para ser pescadas.

Solo espero que en alguna parte del mundo esté naciendo alguien igual de artista de lo que tu lo has sido,

que se monte la vida la mitad de bien de lo que tu te la has montado,

que quiera a su mujer una cuarta parte de lo que tu lo has hecho,

y que cuide de su hija como su mayor y más insigne tesoro.

Para que equilibre un poco esta injusta balanza.

Te debo unas lágrimas tito, que no he dejado salir por miedo a no saber como pararlas.

Te ofrezco lo único que puedo ya ofrecerte: el más cálido rincón en la larga noche de la memoria.

viernes, 4 de enero de 2008

PEQUEÑO AÑADIDO

Alguien cuyas reflexiones respeto profundamente, y que más de una vez me da que pensar, me ha recordado un frase de Platón que dice así:

"El tiempo es la imagen movil de la eternidad"

Me viene al pelo para fijar una idea más sobre este concepto, que desde que tengo uso de razón me trae de cabeza, y con el que ultimamente estoy un poquito pesado. Es simple, clara y muy bonita.

Gracias ;)

jueves, 3 de enero de 2008

Tic... tac... tic... tac...


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Somos, irremediablemente, lo que podemos recordar. Nuestra concepción del mundo está basada casi exclusivamente en la propia experiencia, es decir, en nuestra memoria.

Tiempo y recuerdo no pueden ser conceptos enfrentados sino más bien dos partes de un mismo todo.

Sin tiempo no hay recuerdos.

Sin recuerdos, da igual cuanto tiempo.

Puedo vislumbrar desde la lejanía el sentimiento que ha movido a muchos de los grandes personajes de la historia a intentar dejar una marca en la memoria colectiva. Un intento de perpetuarse cuando la luz se apague.

Quiero entender el miedo de una persona que empieza a ser consciente de que está perdiendo sus recuerdos. Que está dejando de ser ella misma. Que su luz empieza a apagarse en vida. Y me invade un escalofrío.

Hay que recordar para avanzar, como persona primero y como especie en segundo lugar. Pero yo me pregunto, ¿servirá de algo tanto recordar?¿seremos capaces alguna vez de aprovechar minimamente la experiencia ajena?.

El invento (el tiempo) se vuelve contra el inventor y los recuerdos tienden siempre a ir al gran cajón de la inexistencia.Carpe Diem y hedonismo, lacras de una generación sin ideales, serán nuestro único refugio.

Mas allí agazapados, también nos encontrará el tiempo y la fría ausencia.