
Estoy vivo, luego tengo que sobrevivir. Para ello, como el 99,9% de los mortales, tendré que trabajar y ganar algo de dinero con el que pagar mis necesidades básicas primero, las no tan básicas luego y las totalmente superfluas finalmente. Ser parte de esa espiral de estupidez que gasta un dinero que no tiene en comprar cosas que no necesita.
Este consumismo, pienso, ennegrecido por el humo de lo cotidiano, no es más que el sustento o el engranaje de nuestro sistema económico global. Sin él, se cae. Este sistema es al mismo tiempo el responsable de que 3/4 del mundo pase hambre. Entonces, ¿si yo estoy vivo, 3/4 partes del mundo tienen que pasar hambre?. Parece que fue el azar quien me hizo nacer en ese 1/4 que consume sin mesura y que mantiene el sistema, pero, ¿de donde vienen en su gran mayoría las materias primas que consumimos ya transformadas, como bestias famélicas?¿no es acaso de esos 3/4?¿que sentido tiene?.
Mientras reflexiono sobre estas cuestiones, con la casi certeza de que no voy a resolver nada (en el fondo creo que este sistema es fiel reflejo del egoismo humano, y por tanto inamovible), en el café donde estoy sentado están pasando futbol. Juventus - Parma, si no me equivoco. Típico partido italiano sin mucha vistosidad pero con mucha picardía. Me pregunto cual será la fórmula del éxito del futbol en todo el mundo, ¿será porque se puede practicar en cualquier lado, con una bola de trapo, un coco o una lata vacía?¿será porque cualquiera puede soñar con hacerse famoso y podridamente rico?. A veces, quizá con demasiada frecuencia, vemos a un representante de los 3/4, quien gracias a su habilidad con el cuero en los pies salta a la élite de ese 1/4 que anhelaba.
En muchos casos ni siquiera sabrá expresarse correctamente, no digamos ya tener un mínimo de cultura, pero poco importa, pues será venerado por aquellos cuyo consumo, consuma el sometimiento de su pueblo.
Pero ya no a él. Él ha triunfado, ha salido del pozo y no piensa mirar atrás. Pocos, honrosas excepciones, son los que habiendo saltado el muro gracias a este estúpido deporte que adoro, vuelven la mirada hacia los suyos e intentan ahora que pueden, hacer algo por los suyos.
Algunos hasta llegarán a creer que valen los millones que se han pagado por ellos.
Las cifras se vuelven absurdas, surrealistas. ¿Que porcentaje de esos 3/4 comería o estudiaría durante un año con lo que cuesta un traspase de uno de estos "genios" del deporte?. Casi mejor no pensarlo o moralmente se acabó al invento, y al pueblo mejor no tocarle su circo.
No puedo evitar posar mi mirada en la chica de la mesa de al lado. Debe tener unos quince o dieciseis años, delgada, de cabello largo y mirada dulce. Está sentada frente a una montañita de bocadillos, aunque a decir verdad raramente le hinca el diente a alguno de ellos. Si no, no sería tan delgada supongo, aunque con las cosas del metabolismo nunca se sabe. Tiene la expresión un poco triste, o eso me ha parecido a mí.
Al otro lado de la mesa hay un señor canoso, algo calvo, y con una panza donde seguramente podrían servirle el desayuno mientras ve la tele. Parece ser su padre, ya que ambos comparten el plato de bocadillos, pero comparten poco más; en los cuarenta minutos que llevo sentado, él ha estado quizá treinta, quizá cuarenta, con el movil pegado en la oreja mientras ella, pequeña estatua de sal, permanece con su mirada triste clavada en el infinito.
Pensé que esta situación cambiaría ahora que ha dejado de hablar y de resolver esos asuntos tan importantes que le impiden compartir una charla mientras come con su hija, pero lo cierto es que ya han pasado quince minutos y no han cruzado ni una palabra. Ahora que no habla por el movil en cambio, no para de engullir bocadillos (de ahí el desayunador, supongo). Ella parece que ha perdido definitivamente el interés en ellos y sigue con su mirada triste.
No pretendo inmiscuirme en la vida de nadie, ni mucho menos pensar que yo se como deberían vivirla mejor, pero su ausencia de comunicación me encoge el corazón. Pienso que si yo tuviera una hija intentaría, aunque fuera a base de chorradas, que no tuviera esa expresión tan severa. Pero quien sabe, igual cuando tenga una hija de quince años no la entiendo y me desespero, o quizá sea ella la que no quiere comunicarse conmigo. Quizá he juzgado al señor con desayunador incorporado demasiado rápido. Aún así, su barriga sigue siendo estratosfericamente indecente en un país con tantas precariedades y donde hay mucha hambre (aunque según los datos oficiales esto sea jauja).
Parece ser que mientras les miraba de reojo me he perdido un gol de la juve. No me importa, porque ahora tengo un sombrero nuevo y la cabeza un poco más despejada. Que gran compra ha sido este bolígrafo, posiblemente la mejor de la semana.
25/08/09