
Abro los ojos. Es de día. Ahí siguen ambos dos, apuntando hacia el cielo, exactamente igual que como los dejé anoche. Me incorporo y los veo retorcerse un poco ante el contacto con el frío marmol, pobrecillos. Junto a sus pequeños escalofríos veo ropa y papeles esparcidos por el suelo; de hoy no pasa que ponga orden por aquí. También intuyo a lo lejos las patas del escritorio. Ineludible, hoy es día de avanzar el trabajo. Tengo mucho que hacer.
Pero... ¡un momento! ¡el entorno se mueve! ya están haciendo de las suyas, el uno detrás del otro, el otro detrás del uno, solo sé que estamos bajando unas escaleras. Ahora están entrando en un habitáculo pequeño, mal iluminado... ¿donde se están subiendo? ¡están pedaleando!¡se han montado en una bici! a veces no se si debería hablarles con un tono serio sobre todo este asunto; no es normal que no entiendan que hoy teníamos cosas importantes que hacer. Quizá para ellos lo importante sean otras cosas. Veremos donde termina todo esto.
Siguen pedaleando, en su mundo, y me obligan a ver en el camino cesped, tierra, cemento y muchos más pies pedaleando. Creo que hemos llegado a nuestro destino, o por lo menos estamos próximos. El suelo está empedrado al estilo antiguo, asi que ya debemos estar por el centro, y creo que me los estoy empezando a ver venir. Escalones y nos paramos. Nos hemos sentado y observo que a mi lado hay unas preciosas botas verdes (alguien con estilo por aquí). Me lo veía venir; la mitad de mi pareja se mueve al compás de algo o de alguien, es dificil decirlo.
Deduzco por la inclinación de mis rodillas que me estoy riendo como un condenado, y por las gotas que caen de este vaivén que mis manos poseen una cerveza. Hace sol, eso lo veo en las sombras, pero es que además mi extraña pareja no puede estarse quieta y se mueve de adelante hacia atrás y de atrás hacia adelante. Y lo peor es que cada vez se mueven mejor.
Debe existir un punto de equilibrio, me da por pensar, entre lo que provenía de arriba esta mañana y me recordaba las cosas por hacer y este punto de vista hacia abajo que me lleva y me trae sin mi consentimiento, y debe estar a la altura del ombligo. Mi punto de equilibrio.
1 comentario:
Precioso relato, entretenido y original,exquisito.Gracias.
Los pies son sabios, a veces son los únicos que se dejan fluir, creo que nunca deberían hacernos caso...
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