Lo más extraño de no creer en verdades objetivas, en realidades superiores, es lo que puede llegar a relativizarse todo a partir de ello. Esta firme convicción destruye e imposibilita la mayoría de los mecanismos del razonamiento y la lógica, condenándonos a un vagaje sin rumbo por las tierras del "es posible...".
Más incertidumbre a la cazuela.
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