
Al parecer, las cosas no han cambiado;
las aceitunas siguen rellenas de anchoas,
las tardes son pegajosas en verano
y la cerveza sabe mejor con amigos.
Todo igual. Nada es distinto.
Pero no estás, y no puedo discutir sobre
anchoas contigo, diluir la masa temporal con tu sonrisa
o invitarte a una cerveza mientras navego en tus ojos.
Te extraño, si. Y mucho.
No desde la posesión,
no desde la rutina,
ni siquiera desde el deseo.
Te extraño porque juntos brillamos.
No puedes negarlo.
Ahora que te has ido,
la ciudad es muy grande
y yo soy más chico.
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