miércoles, 21 de enero de 2009

Tan pequeño... tan grande...


Hoy, la fina cáscara que encierra mis miserias y mis fantasmas se quiebra con el silencio de la noche y la lúgubre caravana de mis pensamientos, permitiéndoles brotar libremente. Revolotean entonces sobre mi cabeza, provocando un estruendo dificilmente soportable por mi conciencia. Es el momento de la angustia, de lo que se dejó de hacer o sin lugar a dudas se hizo mal. Es el momento de arrepentirse, de retractarse en la vigilia, de dudar de las convicciones.                        

Y entonces ella, como si oliese mi desasosiego, envuelta en un manto de ternura y con una suavidad en su mano que envidiarían un millón de plumas, vuelve, por un instante, del profundo mundo de los sueños y posa su brazo en mi costado. 

Vuelve la paz. Vuelvo a sentirme capaz de todo. Vuelvo a reinar sobre mis fantasmas y a reirme de mis miserias. Suspiro aliviado. 

Mañana no recordará nada, quizá ni siquiera ahora sea consciente, y aunque lo fuese yo no sabría que palabras elegir para agradecer ese gesto, que es tan pequeño, pero tan grande. 

Le debo cordura, dulzura y un sueño.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

qué suerte tienen algunas... ;)
besos, mongolito

Carmen Hache dijo...

pequeño... y dulce!
eso dijimos un día, no?
un bezo, sonrisa :)
carmen