viernes, 15 de enero de 2010

una vida de silencio




Aveces,
tantas veces,
el mundo duele tanto...

No podemos sentir lo mismo cuando se extingue la vida de un familiar, de un amigo o tan siquiera de un vecino con el que no nos llevamos especialmente bien, que cuando ocurre lo mismo con alguien a 13.000 Km que no hemos conocido jamás. Es humano. Es lógico. Es normal.

Voltaire decía que un muerto es una tragedia, pero que mil muertos son una estadística.

Una estadística.

¿Que son entonces 100.000?. Hagamos un esfuerzo; tratemos de imaginar a 100.000 familias destrozadas, y no solo a las familias, sino a todo el entorno de cada persona que ha muerto (que se yó, ¿300 personas por cada una?¿400?). Si el dolor del 11M fue por más de 200 personas, el dolor por 100.000... ¿que sería?.

Todos deberíamos guardar un minuto de silencio tras otro por el resto de nuestras vidas.

Es imposible,
es inabarcable.

Intento compartir su dolor, sentirme culpable en cierta manera porque no ha sido a mí a quien le ha tocado, pero ni siquiera puedo. No cabe tanto dolor en mi cabeza.

Es inevitable preguntarse por qué siempre son los más pobres los que más sufren. Este mismo terremoto, en Japón, con la inversión que tienen en infraestructura anti-terremotos no hubiera pasado de susto con alguna consecuencia. Pero aquí son 100.000.

100.000 personas que buscaban comer.

100.000 personas que querían formar o mantener una familia.

100.000 personas que querían pasar un buen rato de vez en cuando.

100.000 que querían lo que todo el mundo quiere.

100.000 ejecutados por la naturaleza, acusados de ser el país más pobre de toda América. Si existe algún dios, de esos que tanto consuelo dan, tendríamos que hacerle un juicio como a los nazis.

Y colgarlo 100.000 veces.

¿Es posible en entender que 100.000 son 1 + 1 + 1 + 1 + 1 + 1....? ¿cabrá eso al menos en mi cabeza?

Aveces,
tantas veces,
este puto mundo duele tanto...



No hay comentarios: